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Calzaba una mirada penetrantey desprendía un aroma a colonia fresca y a naftalina. —Buenos días. Soy el padre Fernando Ramos —anunció—. ¿En qué puedoservirles? Fermín ofreció su mano, que el sacerdote estudió brevemente antes deestrechar, siempre escudado tras su sonrisa glacial. polo ralph lauren hombre
—Fermín Romero de Torres, asesor bibliográfico de Sempere e hijos,gustosísimo de saludar a su devotísima excelencia. Aquí a mi vera obra micolaborador a la par que amigo, Daniel, joven de porvenir y reconocida calidadcristiana. El padre Fernando nos observó sin pestañear. Quise que me tragase latierra. ralph lauren mujer —El gusto es mío, señor Romero de Torres —replicó cordialmente—.¿Puedo preguntarles qué trae a tan formidable dúo a esta nuestra humildeinstitución? Decidí intervenir antes de que Fermín le soltase al sacerdote otra barbaridady tuviéramos que salir por piernas. —Padre Fernando, estamos tratando de localizar a dos antiguos alumnos delcolegio de San Gabriel: Jorge Aldaya y Julián Carax. El padre Fernando apretó los labios y enarcó una ceja. Polo Ralph Lauren España
—Julián murió hace más de quince años y Aldaya marchó a la Argentina —dijo secamente. —¿Les conocía usted? —preguntó Fermín. La mirada afilada del sacerdote se detuvo en cada uno de nosotros antes deresponder. —Fuimos compañeros de clase.