68 —Todo empieza con la amistad

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—Todo empieza con la amistad sincera entre dos muchachos, JuliánCarax y Jorge Aldaya, compañeros de clase desde la infancia, como don Tomásy usted. Durante años todo va bien. Amigos inseparables con toda una vida pordelante. Sin embargo, en algún momento se produce un conflicto que rompe esaamistad. polo ralph lauren mujer
Por parafrasear a los dramaturgos de salón, el conflicto tiene nombrede mujer y se llama Penélope. Muy homérico. ¿Me sigue? Lo único que me vino a la mente fueron las últimas palabras de TomásAguilar la noche anterior, en la librería: «No le hagas daño a mi hermana.» Sentínáuseas. Polo Ralph Lauren —En , Julián Carax parte rumbo a París cual vulgar Odiseo —continuó Fermín—. La carta firmada por Penélope, que él nunca llega a recibir,establece que para entonces la joven está recluida en su propia casa, prisionerade su familia por motivos poco claros, y que la amistad entre Aldaya y Carax hafenecido. Es más, por lo que nos cuenta Penélope, su hermano Jorge ha juradoque si vuelve a ver a su viejo amigo Julián, lo matará. Palabras mayores para elfin de una amistad. polos ralph lauren
No hace falta ser Pasteur para inferir que el conflicto esconsecuencia directa de la relación entre Penélope y Carax. Un sudor frío me cubría la frente. Sentí que el café con leche y los cuatrobocados que había engullido me ascendían por la garganta. —Con todo, hemos de suponer que Carax nunca llega a saber lo acontecido a Penélope, porque la carta no llega a sus manos.

62 Si la deja usted pensar, está perdido.

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Si la deja usted pensar, está perdido. Recuerde: corazón caliente, mentefría. El código del seductor. Estaba Fermín por detallarme las particularidades y tecnicismos del arte de laseducción cuando sonó la campanilla de la puerta y vimos entrar a mi amigo TomásAguilar. Polo Ralph Lauren Barato
El corazón me dio un vuelco. La providencia me negaba a Bea pero meenviaba a su hermano. Funesto heraldo, pensé. Tomás traía el rostro sombrío y unaire de cierto desaliento. Polo Ralph Lauren —Menudo aire funerario nos trae usted, don Tomás —comentó Fermín—.Nos aceptará un cafetito al menos, ¿verdad? —No le diré que no —dijo Tomás, con la reserva habitual. Fermín procedió a servirle una taza del mejunje que guardaba en su termo yque desprendía un sospechoso aroma jerezano. —¿Algún problema? —pregunté. Polo Ralph Lauren Barato
Tomás se encogió de hombros. —Nada nuevo. Mi padre hoy tiene el día y he preferido salir a airearme unrato. Tragué saliva.

56 Esta vida vale la pena vivirla por tres o cuatro cosas,

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Esta vida vale la pena vivirla por tres o cuatro cosas, y lo demáses abono para el campo. Yo he hecho mucha tontería ya, y ahora sé que lo únicoque quiero es hacer feliz a la Bernarda y morirme algún día en sus brazos.Quiero volver a ser un hombre respetable, ¿sabe usted? No por mí, que a mí elrespeto de este orfeón de monas que llamamos humanidad me la trae floj ísima,sino por ella. Porque la Bernarda cree en estas cosas, en las radionovelas, enlos curas, en la respetabilidad y en la virgen de Lourdes. Polo Ralph Lauren España
Ella es así y yo laquiero como es, sin que me cambien ni un pelo de esos que le salen en labarbilla. Y por eso quiero ser alguien de quien ella pueda estar orgullosa. Quieroque piense: mi Fermín es un cacho de hombre, como Cary Grant, Hemingway oManolete. Me crucé de brazos, calibrando el asunto. Polo Ralph Lauren España —¿Ha hablado usted de todo esto con ella? ¿De tener un hijo juntos? —No, por Dios. ¿Por quién me toma? ¿Se cree que voy por el mundodiciéndole a las mujeres que tengo ganas de dejarlas preñadas? Y no por faltade ganas, ¿eh?, porque a la tonta esa de la Merceditas le hacía yo ahora mismounos trillizos y me quedaba como Dios, pero... Comprar Polo Ralph
—¿Le ha dicho la Bernarda que quiere formar una familia? —Esas cosas no hace falta decirlas, Daniel. Se ven en la cara. Asentí. —Pues entonces, en lo que valga mi opinión, estoy seguro de que seráusted un padre y un esposo formidable.

50 Voy a hacer un cigarrito a la esquina y ya medirán.

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Voy a hacer un cigarrito a la esquina y ya medirán. Esperé a que el sereno se hubiese alejado. —¿Cuándo voy a verte otra vez? —No lo sé, Daniel. —¿Mañana? —Por favor, Daniel. polos ralph lauren
No lo sé. Asentí. Me acarició la cara. —Ahora es mejor que te vayas. ralph lauren hombre —¿Sabes al menos dónde encontrarme, no? Asintió. —Estaré esperando. —Yo también. Me alejé con la mirada prendida de la suya. polo ralph lauren hombre
El sereno, experto en estoslances, ya acudía a abrirle el portal. —Sinvergüenza —me susurró de pasada, no sin cierta admiración—.Menudo bombonazo. Esperé hasta que Bea hubo entrado en el edificio y partí a paso ligero,volviendo la vista atrás a cada paso.

44 ¿Quién más podría ser aestas horas?

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¿Quién más podría ser aestas horas? Isaac iba enfundado en lo que me pareció un extraño mestizaje de bata,albornoz y abrigo del ejército ruso. Las pantuflas acolchadas combinaban a laperfección con una gorra de lana a cuadros, con borla y birrete. —Espero no haberle sacado de la cama —dije. —Qué va. Polo Ralph Lauren Barato
Apenas había empezado a decir el Jesusito de mi vida. Le lanzó una mirada a Bea como si acabase de ver un fajo de cartuchos dedinamita encendido a sus pies. —Espero por su bien que esto no sea lo que parece —amenazó. —Isaac, ésta es mi amiga Beatriz y, con su permiso, me gustaría mostrarleeste lugar. polo ralph lauren hombre No se preocupe, es de toda confianza. —Sempere, he conocido lactantes con más sentido común que usted. —Será sólo un momento. Isaac dejó escapar un resoplido de derrota y examinó a Bea con detenimientoy recelo policial. polo ralph lauren mujer
—¿Ya sabe usted que anda en compañía de un débil mental? —preguntó. Bea sonrió cortésmente. —Empiezo a hacerme a la idea. —Divina inocencia.

38 — as a tener que presentármelo.

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— as a tener que presentármelo. —Esta noche, si quieres. Dejamos la universidad bajo un cielo encendido de moretones.Caminábamos sin rumbo fijo, más por acostumbrarnos al paso del otro que porllegar a algún sitio. Comprar Polo Ralph
Nos refugiamos en el único tema que teníamos en común,su hermano Tomás. Bea hablaba de él como de un extraño a quien se quiere, pero apenas se conoce. Rehuía mi mirada y sonreía nerviosamente. Sentí quese arrepentía de lo que me había dicho en el claustro de la universidad, que ledolían todavía las palabras que se la comían por dentro. Comprar Polo Ralph —Oye, de lo que te he dicho antes —dijo de repente, sin venir a cuento—no le dirás nada a Tomás, ¿verdad? —Claro que no. A nadie. Rió nerviosa. —No sé qué me ha pasado. Polo Ralph Lauren Barato
No te ofendas, pero a veces una se sientemás libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será? Me encogí de hombros. —Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quierecreer que somos. —¿Es eso también de tu amigo Carax? —No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte.

32 Deseaba tocarla

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Deseaba tocarla y sentir el pulsoardiéndole bajo la piel. Nuestras miradas se habían encontrado y tuve la certeza deque ella sabía lo que estaba pensando. La sentí más sola que nunca. Alcé los ojos yme encontré con su mirada serena, de abandono. polo ralph lauren hombre
—Julián murió solo, convencido de que nadie iba a acordarse de él ni de suslibros y de que su vida no había significado nada —dijo—. A él le hubiera gustadosaber que alguien le quería mantener vivo, que le recordaba. Él solía decir queexistimos mientras alguien nos recuerda. Me invadió el deseo casi doloroso de besar a aquella mujer, un ansia como nola había experimentado jamás, ni siquiera conciliando el fantasma de Clara Barceló. ralph lauren mujer Me leyó la mirada. —Se le hace a usted tarde, Daniel —murmuró. Una parte de mí deseaba quedarse, perderse en aquella rara intimidad depenumbras con aquella desconocida y escucharle decir cómo mis gestos y missilencios le recordaban a Julián Carax. —Sí —balbuceé. Polo Ralph Lauren España
Asintió sin decir nada y me acompañó hasta la puerta. El pasillo se me hizoeterno. Me abrió la puerta y salí al rellano. —Si ve usted a mi padre, dígale que estoy bien.

25 No le hizo gracia

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No le hizo gracia la broma.Me respondió que él no tenía derecho a amar a nadie, que merecía estar solo. —¿Dijo por qué? —Julián nunca decía el porqué. —Aun así, al final, poco antes de regresar a Barcelona en , Julián Caraxiba a casarse. Polo Ralph Lauren
—Eso dijeron. —¿Lo duda usted? Se encogió de hombros, escéptica. —Como le digo, en todos los años que nos conocimos, Julián nunca mehabía mencionado a ninguna mujer en especial, mucho menos a una con la quefuera a casarse. Lo de la supuesta boda me llegó de oídas más tarde. Polo Ralph Lauren Barato Neuval, elúltimo editor de Carax, le contó a Cabestany que la novia era una mujer veinte añosmayor que Julián, una viuda adinerada y enferma. Según Neuval, esta mujer lo habíaestado más o menos manteniendo durante años. Los médicos le daban seis mesesde vida, como mucho un año. Según Neuval, ella quería casarse con Julián para queél fuese su heredero. polo ralph lauren hombre
—Pero la ceremonia nunca llegó a celebrarse. —Si es que alguna vez existió tal plan o tal viuda. —Según tengo entendido, Carax se vio envuelto en un duelo, al amanecer delmismo día en que iba a contraer matrimonio. ¿Sabe con quién o por qué? —Neuval supuso que se trataba de alguien relacionado con la viuda.

20 Yohabía empezado a trabajar en el departamento de administración,

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Yohabía empezado a trabajar en el departamento de administración, pero cuando elseñor Cabestany se enteró de que hablaba francés, italiano y algo de alemán mepuso al cargo de adquisiciones y me hizo su secretaria personal. Entre misfunciones estaba el mantener la correspondencia con autores y editores extranjeroscon quienes la editorial tenía tratos, y así es cómo entré en contacto con JuliánCarax. —Su padre me contó que eran ustedes buenos amigos. —Mi padre le diría que tuvimos una aventura o algo así. Polo Ralph Lauren Barato
¿No es verdad?Según él, yo echo a correr detrás de cualquier par de pantalones como si fuese unaperra en celo. La sinceridad y el desparpajo de aquella mujer me robaban las palabras.Tardé demasiado en urdir una respuesta aceptable. Para entonces, Nuria Monfortsonreía para sí y negaba con la cabeza. Polo Ralph Lauren —No le haga ni caso. Mi padre sacó esa idea de un viaje que tuve que hacera París en el año para resolver unos asuntos del señor Cabestany conGallimard. Estuve una semana en la ciudad y me hospedé en el apartamento deJulián por la sencilla razón de que el señor Cabestany prefería ahorrarse el hotel.Ya ve usted qué romántico. Polo Ralph Lauren Barato
Hasta entonces había mantenido mi relación con JuliánCarax estrictamente por carta, normalmente para tratar asuntos de derechos deautor, galeradas y temas de edición. Lo que sabía de él, o me imaginaba, lo habíasacado de la lectura de los manuscritos que nos enviaba. —¿Le contaba él algo acerca de su vida en París? —No. A Julián no le gustaba hablar de sus libros o de sí mismo.

15 La extraña a usted mucho.

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La extraña a usted mucho. Nuria Monfort dejó escapar un suspiro que no supe descifrar. —Mejor que suba usted a casa. No quiero hablar de esto en la calle. Comprar Polo Ralph
Nuria Monfort vivía en sombras. Un angosto pasillo conducía a un comedorque hacía las veces de cocina, biblioteca y oficina. De camino pude entrever undormitorio modesto, sin ventanas. Aquello era todo. Polo Ralph Lauren Barato El resto de la vivienda sereducía a un baño minúsculo, sin ducha ni pica, por el que penetraban toda suertede aromas, desde los olores de las cocinas del bar de abajo al aliento de cañeríasy tuberías que rondaban el siglo. Aquella casa yacía en perpetua penumbra, unbalcón de oscuridades sostenido entre muros despintados. Olía a tabaco negro, afrío y a ausencias. Nuria Monfort me observaba mientras yo fingía no reparar en loprecario de su vivienda. Polo Ralph Lauren
—Bajo a la calle a leer porque en el piso apenas hay luz —dijo—. Mi maridoha prometido regalarme un flexo cuando vuelva a casa. —¿Está su esposo de viaje? —Miquel está en la cárcel. —Disculpe, no sabía.